La idea es que microbios y hongos descomponen la materia orgánica en formas que las raíces pueden absorber, en vez de dosificar tú sales minerales. Después del primer ciclo solo añades una capa por encima y sigues regando, y la misma tierra sirve para varios ciclos. La contrapartida es un coste inicial mayor, macetas más grandes que con abonado mineral y menos control directo si algo sale mal.
Si quieres probarlo, empieza con un living soil ya preparado y usa ayudantes biológicos contra las plagas en lugar de pulverizar.

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